Diario de una escritora intempestiva

16. ene., 2019

Conocí por primer vez a Gabriel Aresti por aciu d'un llibru de 2º de BUP de los de Lázaro Carreter onde, sorprendentemente, había un capítulu dedicáu a les lliteratures nes otres llingües del estáu. Taba colocáu, non tan sorprendentemente, a lo cabero del llibru, colo cual cabe esperar que'l númberu de veces que se dio esi capítulu nun aula d'institutu tiende a cero, sobre too teniendo en cuenta el pocu amor que-y a les llingües que nun son l'español aquellos que paradóxicamente se llamen filólogos. El topame yo con aquellos poemes debióse sobre too a la mio curiosidá pola lliteratura (nin siquier yera el llibru que yo di, sinón que debía ser del mio hermanu o d'un primu mayor). Encantáronme d'esti poeta l'humor y la dignidá que teníen les palabres:  Según Google Maps, güei hai una cai Gabriel Aresti en Bilbo, otra en Donosti y otra en Leioa. Pa que veáis el casu que se-yos fai a los poemes. 

Por si vos lo táis preguntando, de l'asturianu nun traía muestra nenguna, pero sí dicía que se taba trabayando por salir de la "llinia aldeaniega" (sic), palabres camiento que sacaes del llibru de García Arias. 

 

METONIMIES

 

Nun quisiera yo

que-y punxeren el mio nome a una cai de Mieres,

más que nada

porque en Mieres casi naide (yo tampoco)

sabe’l nome

de les cais

y pasaría a ser nomada

sistemática y metonímicamente

pol nome de dalgún bar turbiu

que nella esista o esistiere

según la edá d’el o la falante;

quedando namás el míu  pa les cartes del bancu,

multes y quexes sobre’l desbroce o l’estáu

les baldoses.

Con permisu de Will, Jorge, Emily y Xaime:

nun sé si tará too dicho yá

sobre’l tema de la inmortalidá lliteraria,

lo que sí me prestaba,

que’l mio nome fuere pa ¿?

lo que pa mi foi

el de Gabriel Aresti.

 

P.D. ¿Dalguién sabe cómo se llama la cai del Entrecopas?

11. ene., 2019

Estoy de estreno. Me encanta esta imagen de marca que ha diseñado para mí Mónica Jiménez (diseñadora y artista de Xixón). 

29. dic., 2018

 

El texto que viene a continuación se publicó en asturiano en el número 47 de la revista Atlántica XXII, en noviembre de 2016 (podéis leer el original aquí).  Hacía tiempo que no pensaba en él, pero ayer una amiga me escribió para decirme que se lo había encontrado hojeando la revista y que le había gustado, así que para quitar un poco las telarañas al blog he decidido traducirlo. Al hacerlo, me he dado cuenta de que es un poco denso en ocasiones y no sé si se entiende bien. En cualquier caso pretende ser una llamada a la empatía hacia otras personas, algo que, en el transcurso de estos dos años, parece estar en crisis. Dice así: 

¿Cuántas veces, y en cuantas circunstancias, hay que escuchar “¿Y yo (ocasionalmente, nosotros), qué? ¿Por qué no tengo derecho a lo que ellos tienen?”. Normalmente estas preguntas vienen seguidas de apelaciones a la justicia, a la igualdad (¿acaso no somos todos iguales? y a otros principios básico de la democracia, tal como nos los enseñaron en la escuela.

A priori parece un razonamiento sensato.  Pero si asignamos referentes a los pronombres, ellos normalmente querrá decir: personas migrantes, refugiadas, presas; si se usa el femenino específicamente: mujeres, de toda clase y condición. Y el sintagma “lo que ellos tienen”: becas, subvenciones, pisos, preferencia para acceder a servicios públicos… privilegios vinculados a su condición… “y encima están todo el día quejándose”.

Es muy fácil comprar un argumento como ese. Quien esté libre de haber pensado algo así en la vida, que tire la primera piedra.

Como persona que ha visto de cerca este verano dos campos de refugiados griegos, me he sorprendido a mí misma teniendo que medir mis palabras al contar la experiencia, por miedo a que el relato pudiera llegar a causar más daño que provecho. Porque hay quien se extraña al saber que la gente que se pone en peligro para salvar su vida, pretenda además vivirla más allá de comer, respirar y dar gracias por estar ahí. “¿De verdad se quejan de la comida que les dan?” (Un inciso: había que verla, y probarla). “Ah, pero encima ¿las mujeres piden depilarse y arreglarse las uñas? ¿Salen de excursión, van a la playa? ¿Celebran sus cumpleaños?”. A veces cuesta mucho hacer entender que una vida digna es algo más que un puñado de calorías y nutrientes y la certeza de que nadie intentará matarte ese día. Ante ese tipo de preguntas yo planteo lo siguiente: imagina estar obligada a vivir con lo puesto junto a otros 700 individuos de tu pueblo (sin ir más lejos). Los que conoces, los que no y los que sabes seguro que son malas personas. Tienda con tienda, sin intimidad (supongamos que las condiciones climáticas no son hostiles, lo cual es mucho suponer). ¿Cuáles serían tus preocupaciones al cabo de un mes, dos meses, seis? ¿Cuáles serían tus ilusiones? ¿Cuánto dinero te gastas tú en cosas que no son imprescindibles? ¿Y si no lo son, por qué lo gastas? La universalidad de la pirámide de Maslow, en algunas cabezas, se pone en duda más allá de lo que sus declaraciones o ideologías podrían anticipar.

Es muy fácil también dejarse llevar por las impresiones y emociones egocéntricas: al fin y al cabo son primarias en el desarrollo humano. Las vivencias tampoco ayudan: parece que, quien más y quien menos en esta sociedad se siente de alguna manera infeliz, poco realizado, poco valorado, pagador que no recibe en la medida en que da. Volviendo a lo de antes: ¿qué es eso que ellos y ellas tienen? Una respuesta dada desde el córtex prefrontal seguramente nos daría una respuesta diferente.

“Pero es que ellos llegan y tienen casa, becas, ayuda y…”

¡Menudo chollo! ¿A cambio de qué? Un país destrozado al que no puedes volver. Experiencias traumáticas de violencia. La muerte acechando a cada paso del camino. Ninguna persona de confianza en el entorno. Una historia familiar interminable de fracaso en los cauces de la sociedad mayoritaria. Chistes denigrantes a tu costa que hasta hace poco se aplaudían sin pensarlo dos veces (“es que ahora no se puede ni contar un chiste”). Que tres líneas escritas supongan una barrera imposible. Muy pocas personas con tu nombre o tu piel conocidas por sus meritos. Nadie esperando, ni facilitando que desarrolles tu talento. Que salten las alarmas al entrar tú por la puerta. Caseros que te alquilan una casa por teléfono y en persona se acuerdan de repente de que ya estaba apalabrada anteriormente. Justificar constantemente, que reivindicar tu propia cultura no es atacar la de los demás. Y que cuando escojas, contra viento y marea, un camino que el sistema aprueba, haya quien se sorprenda y quien diga: “¿Ves como lo que pasa es que los demás no quieren?”

Contemos los casos que se nos aplican a cada uno y cada una y, si nos atrevemos a poner un precio, ya echaremos las cuentas.

19. dic., 2018

Atopé esti poema como exemplu de voz poderosa nel llibru Write, del que falara na anterior  entrada, y apetecióme traducilu al asturianu. Paezme tremendamente suxestivu. Lo que m’estraña ye que malpenes hai referencies a l’autora na rede, sacando les que citen esti poema dientro del contestu del llibru.  Un one-hit wonder poéticu, paez ser.

COMO MATAR UN SER VIVIENTE

Desatiéndilu

Critícalu a la cara

Dí que mata la lluz

Que trai la porquería

Que t’aburre col verde

Continuamente

Endurez el corazón

Entós

Córtalu

Tan de raíz como pueas

 

Olvídate d’ello

una selmana o un mes

Vuelve con un hachu

Pártila d’un güelpe

Méte-y una piedra

 

Que quede la firida abierta

 

HOW TO KILL A LIVING THING

Neglect it/ Criticise it to its face/ Say how it kills the light / Traps all the rubbish / Bores you with its green/ Continually / Harden your heart / Then / Cut it down close/ To the root as possible

Forget it / for a week or a month/ Return with an axe/ Split it with one blow/ Insert a stone

To keep the wound open

18. nov., 2018

Cuando nos ponemos a escribir, no lo hacemos desde un sentido de la certeza, sino desde una radical incertidumbre. No arrancamos diciendo "Así es el mundo", sino preguntando "¿Cómo es el mundo?". Al crear personajes nos estamos haciendo a nosotros mismos con sinceridad grandes preguntas sobre nuestra naturaleza y la de quien nos rodea. Nuestras respuestas son los propios personajes, esos espíritus parlantes que hemos conjurado en una especie de sueño organizado. Y cuando terminamos empezaremos inmediatamente a quedarnos descontentos con ellos, con esas respuestas, y nos pondremos otra vez a ello, perplejos, frustados, ilusionados. Qué forma tan curiosa de emplear el tiempo. Qué forma tan curiosa de emplear la vida. Pero hay valentía en ello. Quizás, incluso, belleza de algún tipo. 

 

Esto lo escribió Andrew Miller en Write, un libro publicado por The Guardian en el que varios autores reflexionan sobre el proceso de escritura y que me está resultando un gran estímulo para volver a ponerme manos a la obra. La traducción del inglés al castellano es mía.